Ir al contenido principal

Crítica de la democracia moderna


Los marxistas fueron los primeros en formular severas y agudas críticas contra la democracia representativa o democracia burguesa. La libertad y la igualdad formales de las elecciones democráticas burguesas ocultan y disimulan la esclavitud y la opresión materiales del capitalismo. Así entonces la república democrática es la caparazón política óptima para el capitalismo, porque la relación entre la administración burocrática y el sufragio universal es la contrapartida política óptima de la relación entre la explotación capitalista y el intercambio de mercancías.
Según Marx, las elecciones democráticas deciden cada tres o seis años qué miembro de la clase dominante va a representar al pueblo en el Parlamento. Para Lenin, la democracia burguesa es siempre una democracia para la minoría, sólo para las clases poseedoras, sólo para los ricos.

Según Max Weber, con el sufragio universal y la formación de partidos políticos de masas, la democracia se convierte en el Estado de partidos. Por eso, el parlamento pierde paulatinamente influencia como centro de debate y deliberación política. Los partidos políticos dirigen a los diputados eliminando el mandato representativo y sustituyéndolo por el mandato imperativo merced a la disciplina de voto del partido. Los partidos políticos son el centro de la vida política. El partido político organiza la representación. Las cuestiones políticas no interesan a las masas, quienes eligen entre diversas élites políticas que se enfrentan entre sí por el liderazgo político. Los partidos políticos se convierten en medios para competir y ganar las elecciones. Los partidos refuerzan el fenómeno del liderazgo político. Las masas son apáticas políticamente y son emocionalmente manejables. Los electores son incapaces de discriminar entre políticas distintas. Sólo saben discriminar y elegir entre líderes políticos. La democracia funciona como el mercado. Es un mecanismo institucional que sirve para eliminar a los más débiles y para establecer a los más competentes en la lucha competitiva por los votos y por el poder

Schumpeter explica el funcionamiento de la democracia desde la perspectiva de la economía política y entiende por lo tanto la democracia como democracia de mercado. Los votantes son consumidores políticos que representan la demanda del mercado político y los políticos y las élites políticas representan la oferta. La democracia es el gobierno de las élites políticas. Esto es lo que afirma en «Capitalismo, socialismo y democracia». La democracia no es entonces el gobierno del pueblo. Ni hay voluntad del pueblo ni poder de pueblo ni voluntad general. Por ello, «la democracia no significa ni puede significar que el pueblo gobierna efectivamente, en ninguno de los sentidos evidentes de las expresiones «pueblo» y «gobernar». La democracia significa tan sólo que el pueblo tiene la oportunidad de aceptar o rechazar los hombres que han de gobernarle. Pero como el pueblo puede decidir esto también por medios no democráticos en absoluto, hemos tenido que estrechar nuestra definición añadiendo otro criterio identificador del método democrático, a saber: la libre competencia entre los pretendientes al caudillaje por el voto del electorado. Ahora puede expresarse un aspecto de este criterio diciendo que la democracia es el gobierno del político. El poder popular se reduce a ser un poder electoral.

[Para Gustavo Bueno] No hay una cosa tal como la soberanía popular ni tampoco hay algo así como la voluntad general. Ello es porque ni hay un pueblo como sujeto titular de la soberanía ni tampoco hay algo tal como la soberanía nacional. Hay que rechazar la ideología democrática que afirma la idea de autodeterminación de la sociedad política. El autogobierno o autodeterminación de la sociedad política es utópico por imposible. La sociedad no se autodirige. El poder político es asimétrico. Unos mandan y otros obedecen. Como diría Julien Freund, la política es el dominio del hombre por el hombre. Una parte de la sociedad política dirige a las otras partes restantes de la sociedad política.

Felipe Giménez Pérez

Entradas populares de este blog

Un país pobre, ¿elige serlo?

No es la primera vez que disfruto del vuelo argumental de Atilio Borón para refutar a Vargas LLosa, quien con su limitado repertorio de ideas vuelve a lo mismo: a predicar el santo evangelio del progreso neoliberal. Valga, cuando es oportuno, poner los puntos sobre las íes como hace Borón. Según Vargas Llosa, los países pobres lo son porque eligieron serlo. En cambio otros pueblos, más lúcidos y trabajadores, optaron por la prosperidad y la consiguieron. En su artículo de este domingo 20 de septiembre de 2020 en El País de Madrid Mario Vargas Llosa vuelve a dar rienda suelta a una de sus frecuentes alucinaciones, y probablemente la más estrafalaria de todas. Según ella los países pobres lo son porque eligieron serlo. En cambio otros pueblos, más lúcidos y trabajadores, optaron por la prosperidad y la consiguieron. De ser cierta esta ocurrencia del narrador peruano produciría una revolución copernicana en la historia y las ciencias ...

La Falsabilidad de Karl Popper

Al haber descartado a la inducción como método científico, por cuanto pensar que de la simple observación de hechos se pase al establecimiento de leyes no tiene justificación lógica, Popper propone un criterio de demarcación para distinguir a la ciencia de la pseudociencia: la falsabilidad. Según este criterio una teoría es científica si es refutable o falsable. Para Popper toda teoría debe ofrecer la posibilidad de someterse a prueba, es decir de contrastar su contenido, pero no buscando su verificabilidad sino su falsación. La falsación consiste en poner a prueba una teoría o hipótesis buscando hechos que demuestren su falsedad. Aquellas teorías que mediante este proceso sean refutadas serán falsas pero aquellas que no lo son pueden ser verdaderas. Todas las leyes y teorías, según Popper, son conjeturas o hipótesis de ensayo que son aceptadas provisional y temporalmente. A diferencia de los positivistas, Popper cree que la ciencia no tiene porque encerrar verdades absolutas. M...

La Democracia como forma de vida

La democracia, más que una forma de gobierno, es, fundamentalmente, una forma de vivir asociados que construimos en el día a día. No es un asunto exclusivo de políticos y funcionarios, sino, más bien, es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros sin distinción alguna. Eduardo León (2001) sostiene que “No hay país democrático si no hay una cultura democrática, es decir, si su gente no es democrática”, toda vez que las distintas formas de relacionarnos influyen en el clima social en el cual vivimos. Así, pues, es importante tener presente que las relaciones interpersonales que se dan en la realidad deben estar basadas en la confianza, ya que ésta propicia la colaboración, el encuentro y búsqueda del bien común. En este sentido, el Instituto Bartolomé de las Casas (2005) afirma que “en un ambiente de desconfianza, de inseguridad y conflicto permanente, no podremos solucionar los problemas de nuestra comunidad”. Para que la democracia sea algo más que un conjunto de normas y leyes, p...