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Ciudadanía: entre los derechos y la participación


LOS DERECHOS

Para los liberales la ciudadanía se define por un status legal: “el status de ciudadanos hace acreedores a sus titulares a ciertos derechos”; y es en cada país que el significado de esta ciudadanía se concreta a partir de los derechos considerados para cada ciudadano. Así, afirman que lo que hace que alguien pueda considerarse miembro plena de una sociedad es la vigencia plena y el disfrute de dichos derechos, tanto políticos, como civiles y sociales.
Esta concepción de ciudadanía pone de relieve la autonomía privada, es decir la independencia y la protección frente a terceros, y no el autogobierno o la autonomía pública. Desde este punto de vista, lo que importa, no es asegurar al ciudadano el poder gobernar, sino garantizarle el derecho a ser gobernado por un Estado que goce de su consenso, que respete sus derechos individuales y que le permita desarrollar sin interferencias su propio plan de vida.

LA PARTICIPACIÓN

Los republicanos conciben la participación como una condición que se ejerce activamente en relación con los asuntos públicos. Ellos consideran que “la libertad de cada uno es inseparable de su participación en el espacio público”.
Es así como los republicanos buscan revalorizar la ciudadanía caracterizada por el interés y el compromiso con lo público, por la discusión con los conciudadanos sobre asuntos comunes y la vigilancia respecto al poder. Afirman que si bien los derechos son los requisitos de la ciudadanía, son a la vez también el resultado de su ejercicio.
J. Habermas, en la década de los años 80, vinculó la ciudadanía con nuestra dimensión política – pública, definiendo a lo público como “la esfera pública” que alude a un espacio social en el que los ciudadanos procesan opiniones, emiten juicios, plantean demandas al Estado, y reciben e interpretan información a través de medios masivos de comunicación.
En realidad esta idea de la participación como base de la ciudadanía se remonta a la época griega, donde los ciudadanos desplegaban, en el ágora, todas sus capacidades para proponer ideas y acciones mediante la retórica y la oratoria. En esa línea Aristóteles plantea que el concepto de ciudadanía “por nada se define mejor que por participar en la administración de la justicia y en el gobierno”, por participar efectivamente en el gobierno de la ciudad.

LA CIUDADANÍA: UNA CONDICIÓN Y UNA OPCIÓN

Entonces, la ciudadanía implica una condición y una opción; opción que tiene como sustento un sentido de pertenencia.
Condición
La condición se refiere a un estatus legal. La ciudadanía es aquel status que se concede a los miembros de pleno derecho de una comunidad. Implica el ejercicio de derechos y responsabilidades. Pero además, la ciudadanía nos otorga un poder: el ejercicio de nuestros derechos y responsabilidades construye, afirma y amplía nuestro poder.
Opción
Pertenecer a un colectivo (a una comunidad) implica responsabilizarse por él y actuar en él. La ciudadanía expresa una opción en el sentido de práctica social: se es ciudadano en función de nuestra intervención responsable en el espacio público, donde se pone en juego los problemas centrales de nuestra vida en común como sociedad. Entonces la ciudadanía no solo implica el ejercicio de derechos sino también una serie de capacidades para entender, dialogar con, disentir de, criticar, construir.

"Hacia un país de ciudadanos", fascículo autoinstructivo del Centro de Investigación y Desarrollo de Investigación. MED-DINFOCAD-DINNEST PLANCAD, 2001.

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