viernes, 27 de abril de 2012

Ciudadanía y Participación




'IDIOTA'

En la Grecia antigua, un idiota era quien, teniendo derecho, no participaba de los asuntos públicos de la ciudad (polis), sino que se aislaba en sus asuntos propios. Hay que recordar que no todo el mundo tenía el estatus de ciudadano, que daba derecho a acudir a la plaza (ágora) a debatir los asuntos que afectan a todos. Renunciar a este derecho era, pues, cosa de idiotas.

Idiota viene de la raíz griega idios, que significa propio. Otras palabras con el mismo origen son idioma (medio de expresión propio) e idiosincrasia (temperamento propio).

En latín, idiota sirvió para designar la falta de educación o la ignorancia. En la Edad Media, se usó para designar a quien no creía en Dios. Desde el s. XVII, un idiota es un enfermo con retraso mental demostrado, para lo cual también se utiliza el término imbécil.

http://ciudadanosencrisis.wordpress.com/2011/11/10/significado-de-la-palabra-idiota/



EL ÁGORA

El Ágora es la asamblea del pueblo, en la que reinó Pericles, se celebraba en una colina frente al Acrópolis, en el Pnix, o bien en las faldas mismas del Acrópolis, en el teatro de Baco y, de ordinario, en el ágora, es decir la plaza del mercado. Todos los ciudadanos de la población y del campo tenían el derecho de asistir a ellas. La reunión se efectuaba tres veces al mes, no contadas las sesiones extraordinarias. Los atenienses, locuaces por lo general, mataban el tiempo discurriendo mientras llegaba la hora de la sesión. Llegada ésta, los guardias escitas, encargados de mantener el orden en la ciudad, tendían de un extremo a otro del ágora una cuerda cubierta de polvo rojo, y empujaban a los presentes hacia el lugar de la asamblea. Los que acudían tarde, eran también marcados de rojo en la espalda y debían pagar una multa.

La sesión estaba presidida por una comisión del Senado, y empezaba con un sacrificio. Después un heraldo leía la proposición de ley preparada por el Senado, y preguntaba « ¿Quién quiere hablar? » Los oradores se presentaban y tomaban sucesivamente la palabra, subiendo sobre una plataforma de piedra desde donde podían ser vistos y oídos por todos. El pueblo, ávido de elocuencia, escuchaba los debates con pasión y después votaba levantando las manos. Su decisión no tenía apelación.

http://www.portalplanetasedna.com.ar/atenas.htm

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